El Senado estadounidense votó a favor de la eliminación de las reglas que protegen la privacidad de los clientes.

Si la medida es aprobada en la cámara baja y firmada por Trump, los consumidores perderán gran parte de su privacidad.

En la actualidad, hay dos maneras de conocer en profundidad a una persona: hablar con esta frecuentemente o, más simple aun, revisar su historial de navegación y ver qué contenidos consume en la web. Hoy, el Senado estadounidense facilitó la segunda opción al votar la eliminación de las reglas que impedían a los proveedores de internet vender los registros de la actividad de los usuarios sin su autorización.

La medida impulsada por los republicanos fue aprobada con 50 votos a favor y 48 en contra y dejará sin efecto la reglamentación dictada por la Comisión Federal de Comunicaciones en octubre del año pasado. Los 50 votos vinieron de los miembros del partido de Donald Trump y ningún demócrata o senador independiente votó a favor. Falta la aprobación de la cámara baja y la firma del presidente. Habiendo sido, la desregulación de estos servicios, uno de los puntos de su campaña, es poco probable que Trump no le ponga su gancho al documento.


Los republicanos y las empresas argumentan que las reglas que les impiden compartir los registros sin el consentimiento de los usuarios les impone mayores restricciones a los proveedores de internet que a los sitios web y las redes sociales, sectores que también recolectan y monetizan datos similares.

Cuando Trump alcanzó la presidencia, la Comisión Federal de Comunicaciones cambió a su director. Ajit Pai, el republicano que ahora está a la cabeza de la comisión ya había votado en contra de las reglas cuando fueron aprobadas en octubre con 3 votos contra 2. 

Según los demócratas, el objetivo final del partido de Trump y las empresas es derrumbar las regulaciones que aseguren la “neutralidad de la red”, diseñadas para que todo el contenido circule libremente por Internet. También les impide a los proveedores priorizar su propio tráfico o cobrarle de más a sus competidores. El principal argumento de este ataque es que las reglas limitan la capacidad de innovación, pero distintas fundaciones explican que no es así. “Ninguna modificación de las reglas o las políticas puede convertir mágicamente una conexión de mala calidad en una rápida para permitir servicios de alto rendimiento”, explica Denelle Dixon, jefa del departamento legal de la fundación Mozilla, y asegura que eso “solo se puede lograr mejorando la calidad de la infraestructura”


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