La primera canción que aparece en Energía, el nuevo álbum de J Balvin, no tiene los elementos más característicos del reguetón. 


Por el contrario, “Veneno” tiene percusiones inspiradas en el trap y una instrumentación tenue y misteriosa, muy al estilo de Drake; lo que resulta en una melodía que pudo haber surgido en Atlanta. La letra se refiere a Tony Montana, Rihanna y Michael Jordan. Lo único que le resultaría desconocido de esta pista a un fanático del rap estadounidense es que, como las demás canciones del álbum, está en español. 

Por ahora, esa es la forma en que J Balvin hace su mezcla: sintetiza el sonido, el estilo y la forma de enunciar del rap estadounidense moderno y el R&B y luego lo traslada a su territorio cultural. 

Todo está fríamente calculado. J Balvin, cuyo nombre real es José Álvaro Osorio Balvin y nació en Medellín, se ha convertido en una estrella global —con 11 millones de seguidores en Instagram y casi tres mil millones de vistas en YouTube— pero para conquistar Estados Unidos, está intentando atraer el centro de gravedad de la música pop hacia él; está reescribiendo las reglas de lo que significa ser una superestrella latina en una época de teléfonos inteligentes y redes sociales. 

“No tengo prisa”, dijo hace dos semanas durante una visita a Nueva York para promocionar su segundo álbum de estudio. Se veía relajado; vestía una chaqueta de jean Saint Laurent con rayas de cebra y cuello rosa con estampado de leopardo. 

Al coquetear con la industria musical en Estados Unidos —que incluye una audiencia de casi 55 millones de latinos— sin alejarse demasiado de las raíces del reguetón, espera captar el interés del público sin afectar su marca internacional. 

Mencionando a algunos de sus predecesores que ya han pasado por esta transición, como Ricky Martin y Shakira, Balvin dijo: “Ellos no vivieron lo que estoy viviendo. Sintieron que debían cantar en inglés para volverse más exitosos, pero yo haré todo lo que pueda en español. Y ahí veremos qué pasa”.
Aun así, sus ambiciones son evidentes. 

Energía, que se lanzó a nivel mundial el 24 de junio, contiene colaboraciones con Pharrell Williams y Poo Bear, el compositor conocido por su trabajo con Justin Bieber (la incursión más prominente de J Balvin en el mercado estadounidense ocurrió el año pasado con el remix latino oficial del éxito de Bieber, “Sorry”, que tiene algunos elementos de reguetón. Al recordar el pedido que le hizo directamente el representante de Bieber, Scooter Braun, Balvin dijo: “Literalmente, estaba saltando de alegría”). 

“Quiero hacer historia al atraer a estos chicos a mi mundo”, dijo Balvin sobre sus colaboradores estadounidenses. En “Safari”, su próximo sencillo, Pharrell canta el coro en español; Grant Singer, conocido por su trabajo con The Weeknd y Skrillex, dirigió el video que está próximo a estrenarse. 

“El mundo se está volviendo cada vez más pequeño gracias a esto”, dijo Balvin mientras señalaba un iPhone. “Ginza”, uno de los mayores éxitos de Balvin, pasó 22 semanas consecutivas en los primeros lugares de la lista Hot Latin Songs de Billboard, tiene más de 575 millones de reproducciones en YouTube y halló una nueva audiencia en Grecia, Turquía, Rumania y Bulgaria. 

“Están tocando nuestra música en la radio francesa”, dijo J Balvin. “No me refiero a las calles, sino a las listas de popularidad en la radio”. 

“Para la música en español no es normal llegar a esos lugares”, agregó.


J Balvin era una suerte de outsider, incluso en el reguetón. El estilo nació en Panamá a principios de los noventa como una mezcla de reggae dancehall jamaiquino y rap, pero se volvió popular cuando explotó en Puerto Rico en el 2005, después del lanzamiento de Barrio fino de Daddy Yankee, que se convirtió en el álbum latino más vendido de la década. 

J Balvin, quien creció escuchando a Metallica y Nirvana, cambió su paradigma gracias a Daddy Yankee, a quien llama el Jay Z del hip-hop latino. De adolescente, “era tan fanático que copiaba su estilo, cómo se movía en el escenario, sus cadencias y sus rimas”, dijo. 

Llegó tarde a la fiesta del reguetón, lejos de su centro geográfico y sin ajustarse al molde como rapero urbano, proveniente de una familia de clase media muy unida. Pero al final, esas contradicciones le funcionarían muy bien. 

“Su acercamiento a la música fue completamente distinto”, dijo Jesús López, presidente y director general de Universal Music Latin America, que supervisa la disquera de Balvin, Capitol Latin. 

López, quien estuvo involucrado en la primera explosión del reguetón, dijo que llegó a pensar que “el mercado estaba saturado y era repetitivo”. Pero J Balvin renovó el estilo y esa fue la “evolución adecuada”… más melódica y orientada al pop, con “más respeto por las mujeres”, añadió López. 

J Balvin, que tiene un muy buen conocimiento del mercado, ya se sabe su discurso: “Creo que hago lo que Drake hizo en la industria”, explicó. “Llegué con melodías y letras diferentes, desde un lugar diferente… el reguetón es de Puerto Rico; Drake es de Canadá”. 

“Esa es la mejor manera de contarle una historia a Estados Unidos”, dijo. 

Un viaje a Estados Unidos en su adolescencia le abrió los ojos frente a todas las posibilidades del estrellato en la música pop. 

Después de ir a Oklahoma como parte de un decepcionante intercambio escolar —“Estaba esperando el Estados Unidos que todos conocen gracias a Hollywood”—, J Balvin, quien entonces tenía 19 años, se fue a Nueva York, donde sintió la influencia de magnates como Jay Z, 50 Cent y P. Diddy por primera vez. 

Pasó los siguientes años entre Medellín, Miami y Nueva York, intentando triunfar con su carrera musical, trabajando ilegalmente en Estados Unidos como obrero y pintando casas para mantenerse (el año pasado, J Balvin no cantó en el concurso Miss USA después de los comentarios que Donald Trump hizo sobre los inmigrantes mexicanos). 

No alcanzó el éxito en Estados Unidos, por lo que decidió hacerle caso a un sabio consejo: “Regresa a tu país, empieza desde cero, hazte un nombre y deja que tu gente te lleve a otro nivel”. 

Sus esfuerzos en Colombia —que incluyeron grabaciones constantes, tocar puertas en estaciones de radio y presentaciones en pequeños clubes— funcionaron, gracias en gran parte a su dominio de las redes sociales, donde brilla su personalidad entusiasta pero humilde. J Balvin dijo que buscó específicamente a quienes establecían las tendencias en su país (actores, atletas, modelos) para lograr que el reguetón se pusiera de moda en Colombia.
Ahora está intentando alcanzar ese mismo éxito en el ámbito internacional. 

“Quiero cambiar la manera en que se percibe a los latinos en todo el mundo”, dijo J Balvin. “Creo que la gente todavía no sabe lo geniales que somos. Cuando ves una película, siempre ponen al latino como villano o como alguien sin clase. No es así. Los latinos brillan como diamantes”.

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