Planteadas muchas veces como una realidad del futuro, las pantallas en la piel se van acercando a la realidad tecnológica del presente. Gracias a la evolución de los materiales y a mejoras en el consumo energético, pronto podremos medir valores médicos y deportivos sin necesitar dispositivos externos.

In Time. New Regency.
Hace poco hablábamos de las posibilidades de un futuro pantallas en cualquier objeto, pero costaba imaginar que ese objeto puediera ser nuestra propia piel, antes de alcanzar un punto cyborg/transhumanista, al estilo de la película "In Time" (como vemos en la imagen superior), donde los ciudadanos tienen marcadores de tiempo implantados. Gracias a unos investigadores de la Universidad de Tokio, no habrá que esperar a un futuro distópico para vivir algo así en nuestro cuerpo, pronto será posible integrar pantallas en la piel. 

La clave es el desarrollo de una capa ultrafina, flexible y protectora que integra una pantalla OLED, la misma tecnología que podemos disfrutar en smartphones y otros dispositivos. ¿Y para qué queremos, en el año 2016, pantallas en la piel? El enfoque de la investigación persigue, en principio, fines médicos de control. Es decir, algo así sería lo más conveniente para mostrar información sobre niveles de oxígeno en sangre, niveles de azucar para diabéticos, o incluso información para atletas. 



Sin embargo, pese a que el desarrollo de esto conduzca a soluciones médicas en primer lugar, creo que habría que pensar su uso masivo como sustituto de los wearables actuales, ya sean smartwatches o pulseras de cualquier tipo. Si se persigue la conveniencia, nada supera una solución como esta. Y es que no hablamos de llevar en el cuerpo algo grueso e incómodo, sino una lámina con un grosor de dos micrómetros, fabricada a partir de materiales orgánicos e inorgánicos. 

La novedad que ha hecho posible la integración con la piel huamana es la evolución en reducción de densidad sufrida por las láminas, tras la creación en la investigación de diodos orgánicos de emisión de luz (PLED) y fotodetectores orgánicos (OPD). Respecto a los primeros, han reducido hasta en 6 veces el consumo energético, lo que ayuda enormemente con el calor generado y la energía requerida. Gracias a la integración de otros sensores, las posibilidades se multiplican, pudiendo conocer nuestro estado de salud con el sudor. En cuanto a cómo alimentar eso sin necesidad de baterías externas, la respuesta la pueden dar los nanogeneradores biodegradables


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