Quién se lo diría a Miguel de Cervantes, tan amigo de nuevas formas narrativas: el emoji, esa suerte de jeroglífico egipcio revisado 6.000 años después por el japonés Shigetaka Kurita, trasciende países y banderas —257, según esta emojipedia—, convirtiéndose en un lenguaje fértil y mutante. El emoji es un paquete de contenido completo. 



Porque las palabras son inamovibles una vez se pronuncian en papel, pero el emoji es tanto mensaje breve como un puente a distintas formas de interpretación, dando pie a nuevos diálogos. Imagínate: estás en un aeropuerto frente unos baños; puedes no entender el texto de Hombre o Mujer y comprender las señales a la primera. Los iconos se hacen nuestros. Una forma de comunicación intuitiva, tan íntima como universal.

"Es fundamental añadir los emojis locales, ya sean comidas o costumbres". Shigetaka Kurita

¿Dónde se inventó el emoji?

En Japón; dónde si no. Según su propio creador, el germen del emoji nació en las Olimpiadas de Tokyo de 1964. Estos a su vez readaptaban los iconos de los Juegos de Londres de 1948.

El emoji que conocemos actualmente es cosa de de la operadora japonesa DoCoMo

El emoji que conocemos actualmente es cosa de DoCoMo, una operadora japonesa que introdujo el emoticono corazoncito en su línea Pocket Bell. Ya en 1997 la empresa J-Phone venía trabajando en unos proto-emojis pixelados. Como en todo principio, su función era informar. Los teléfonos móviles de la época, seis veces más pequeños que los actuales smartphones y con una dura pantalla LCD, tenían un espacio demasiado limitado. Para una previsión meteorológica es más práctica la asociación sol-soleado que mostrar un cartel que diga «buen tiempo».  

Shigetaka Kurita ni siquiera era diseñador. Por aquel entonces trabajaba en i-mode, proyecto para una plataforma de Internet móvil, presentando ideas a los grandes fabricantes. Su sistema de caritas sonrientes gustó de manera unánime y no tardó en popularizarse. El resto es historia.

Principales razones para el uso de emojis según usuarios de Estados Unidos a partir de agosto de 2015. Fuente: Statista.

¿Llevamos dos décadas de emojis y no me he enterado?


La pregunta es: ¿por qué en Japón se usaron profusamente durante los 2000-2005 y en occidente explotan una década después? No es porque Japón conviva diariamente con tres formas distintas de escritura: la culpa es nuestra. De hecho, no por señalar a nadie, parte de la culpa la tuvo indirectamente Apple

Mientras ellos andaban con su fiebre emoji, nosotros paseábamos nuestros smartphones.

Buscando penetrar en el mercado nipón, Apple y Google trabajaron entonces por traducir y adaptar los emojis a sus sistemas, en conflicto por las telecomunicaciones japonesas en Unicode, estándar oficial para la codificación de texto en todos los ordenadores del mundo.

¿El éxito se mide en emojis? 

Tal y como se hiceran hace una década con The Simpsons, cada día nuevas firmas y celebrities quieren ver sus caras impresas en un emoji, ser parte de este nuevo lenguaje. Hay quien hasta logra crear sus propios emojis para el Moji Keyboard, obra que nos permite enviar animaciones y rostros de algunas estrellas del rap entre nuestros contactos, mientras músicos como Justin Bieber o los chicos de One Direction conminan a sus fans para lograr lo mismo que nuestra emojipaella. ¿Rapear en emoji? ¿Bailar en emoji? Desde luego, es una simple cuestión de creatividad.

El futuro es ahora

¿Y qué piensa Shigetaka Kurita de todo esto? Pues no está del todo de acuerdo. Su visión siempre fue más afín a la iconografía de las señales de tráfico, a la simplificación: menos es más. Menos E [del carácter japonés 絵, imagen o foto] y más moji [文字, significado de letra, carácter]. Su idea siempre fue evitar florituras estilísticas —y gastronómicas— de manera que el emoji sea lo más universal posible. No en vano Facebook mantuvo únicamente su Me gusta durante tantos años. Un emoji es un pictograma, una porción de información como un bit; sin mentalidad decorativa sino comunicativa.

El emoji, por tanto, ahorra tiempo de escritura y espacio visual, propone asociaciones rápidas entre contexto y contenido.

los utilicemos principalmente entre amigos, familiares, grupos de Whatsapp, Slack o Facebook: las zonas de confianza. Un emoji contiene tanto poder informativo que, malinterpretado, puede romper un posible lazo con alguien con quien no tenemos ese confor.

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