Amenazas, falsificación, delitos sexuales, fraude informático… El Ministerio del Interior, recopilando los datos registrados por todos los Cuerpos de Policía relativos a la cibercriminalidad, elabora cada año un estudio sobre esta materia. Sin embargo, un dato curioso que incluso sorprende a la propia Policía es que se producen pocas denuncias por Internet. ¿Por qué? “La gente no conoce los límites en Internet, no sabe hasta dónde pueden llegar los usuarios y asimilamos comportamientos de otros usuarios como normales cuando, en realidad, son delictivos”, afirma Silvia Barrera, Inspectora de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional. 

¿Cómo distinguir qué es delito en Internet? Esta inspectora nos responde en el vídeo.



Los ciberdelitos crecen y el fraude informático más aún

Tal y como constata la Policía, a veces, en ciertas operaciones, los detenidos se sorprenden de ser arrestados y aseguran que, pese a haber vertido amenazas contra otras personas, sus “intenciones no eran cortarle la cabeza. El problema es que, quien recibe esos mensajes, no lo sabe”, afirma Silvia Barrera.

Pero, más allá de eso, es cierto que hay otros usuarios que, conscientemente, utilizan Internet y las nuevas tecnologías para cometer determinados delitos. Según el informe de 2015  de la Fiscalia General Del Estado de Ecuador, los delitos informáticos van desde el fraude hasta el espionaje



Transferencia ilícita de dinero, apropiación fraudulenta de datos personales, interceptación ilegal de datos, pornografía infantil, acoso sexual, entre otros, se denuncian en las diferentes Unidades de la Fiscalía Ecuatoriana.    

Internet abrió el paso a esas nuevas formas de delincuencia común y organizada que pone en riesgo la información privada,  la seguridad en la navegación  y de las instituciones públicas y privadas. 

La Dirección de Política Criminal de la Fiscalía General del Estado registró 626 denuncias por delitos informáticos desde el 10 de agosto del 2014 -cuando entró en vigencia el Código Orgánico Integral Penal (COIP)- hasta el 31 de mayo del 2015. A partir del COIP se tipifica este tipo de delitos. 

En el COIP se sancionan los delitos informáticos, cuyos actos se comenten con el uso de tecnología para  violentar la confidencialidad y la disponibilidad de datos personales. Estos actos que se registran a través de la Internet son: fraude, robo, falsificaciones, suplantación de identidad, espionaje, clonación de tarjetas de crédito, entre otros.

Pero, ¿qué más es delito en Internet?



Con la socialización de Internet, lo cierto es que cada vez se producen más hechos delictivos relacionados con la Red. El campo de acción se amplía a todas aquellas conductas delictivas realizadas a través de los sistemas de información o contra estos. Es lo que se conoce popularmente como cibercrimen. 

Sin embargo, este tipo de amenazas cibernéticas están en constante evolución y cambio. Además de las amenazas planteadas por la delincuencia informática en sí (seguridad lógica, virus, sustracción de datos, hacking, descubrimiento y revelación de secretos, suplantación de personalidad o sustracción de cuentas de correo electrónico), también se consideran delitos cibernéticos aquellos que, aunque existían antes de Internet, ahora tienen en ella un campo de acción, como delincuencia financiera (incluyendo uso fraudulento de tarjetas de crédito en Internet, fraudes en subastas y comercio electrónico, estafas en la red), delitos contra los niños, el fraude, delitos contra la propiedad intelectual de programas de ordenador, música y productos cinematográficos o contra la propiedad industrial, o las amenazas, extorsiones, calumnias o injurias.

De hecho, por ejemplo, bajo el epígrafe de pornografía infantil también se entienden cualquier situación que ponga en peligro al menor en el uso de las nuevas tecnologías (Ciber-bullying, Grooming o Sexting).

La delgada línea que separa lo que es delito y lo que no



Algunos delitos son claros y evidentes: si alguien te roba las credenciales de la tarjeta de crédito, todos tenemos claro que es un robo y puede ser penado. Pero, ¿qué pasa con un bulo o un piropo? ¿Cuándo deja de ser una broma para ser acoso, por ejemplo?

¿Por qué vas a hacer algo online que no harías en tu vida offline?

 
Si el consejo es válido para la vida corriente, lo es también para nuestra actividad online o relacionada con las nuevas tecnologías. Por ejemplo: espiar los mensajes de móvil, correo electrónico o redes sociales de cualquier persona es delito en cuanto no estamos respetando su derecho a la intimidad y a la privacidad de las comunicaciones. Si nadie te abre las cartas que aún te manda el cartero a casa, ¿por qué sí va a poder hacerlo con una carta electrónica?

Lo mismo ocurre con la captación y difusión de imágenes, especialmente de contenido sexual y/o que afecten a menores de edad. El derecho a la propia imagen y a la intimidad no deben ser sobrepasados en ningún momento, especialmente en el caso de los niños, que precisamente por ser menores gozan de una protección especial.

La ciberseguridad empieza por nosotros

Internet y la tecnología han penetrado en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, lo que conlleva infinidad de beneficios y oportunidades, también para los amigos de lo ajeno. 

Por eso, es fundamental seguir una serie de consejos y pautas. “Lo primero es creerse los mensajes que se lanzan desde las instituciones de seguridad como la Policía. Es necesario que se incorporen unos patrones de ciberseguridad obligatorios, tomando ciertas precauciones a la hora de navegar por Internet o mandar un correo. Esto debería ser casi una materia de educación obligatoria”, explica Silvia Barrera, quien vuelve a insistir en que si recibimos un mensaje de un remitente desconocido o es algo que ”no esperas recibir aun siendo de un contacto”, no debemos abrirlo ni leerlo.

Pero, además, ”hay que poner de nuestra parte, sobre todo en redes sociales, y tener mucho cuidado con lo que se publica. El 80% de lo que nos encontramos en redes sociales son constitutivas de delito: acoso, amenazas…”.

Por eso, son muchos y variados los consejos que desde diferentes organizaciones se nos ofrecen para aumentar nuestra seguridad: mantener los sistemas operativos actualizados, utilizar programas de seguridad (como antivirus), no repetir el uso de contraseñas, que éstas sean fuertes (mezclando minúsculas, mayúsculas, números y signos de puntuación) y cambiarlas con cierta frecuencia, sospechar de mensajes extraños o de procedencia dudosa, eliminar cualquier sospecha de correo no deseado de inmediato y no abrir ningún archivo adjunto, recelar de mensajes que contiene amenazas o pide información personal, cifrar la red inalámbrica, evitar los pop ups son algunas de estas sugerencias.

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