Para incluir a los millones de nuevos habitantes que tendrán los próximos años, las ciudades necesitarán transformarse y la tecnología es una parte fundamental de ese proceso. 


Madrid, Londres, Nueva York, Tokio o Abu Dhabi son algunos ejemplos de grandes ciudades en el mundo. Ciudades que cambian y evolucionan gracias a los avances de la ciencia, la tecnología y la arquitectura. 

Barcelona, Londres o Dublin, ya tienen proyectos de ciudades conectadas

El invitado de esta semana, Charles Sheridan, Director del Internet of Things Research Lab, Intel Europe, nos habla  de las ciudades  del futuro nos dice que estas estarán, casi con total seguridad, superpobladas, pero gracias a la tecnología es posible conseguir que millones de seres humanos compartan de forma armónica un mismo espacio. Y que, además, lo hagan de forma sostenible e inteligente.


Quien nos asegura tambien que los cambios llegarán antes incluso de lo que suponemos porque se dan las condiciones “para una tormenta perfecta”. Estas condiciones a las que se refiere es la evolución del denominado “Internet de las cosas” (un concepto que hace referencia a la conexión de objetos cotidianos a la Red), el crecimiento exponencial que sufrirán los ‘wearable’ en los próximos años con su consiguiente bajada de precios y la capacidad de manejar e interpretar grandes cantidades de datos.

Sheridan sabe de lo que habla, puesto que también es Sponsor Manager del Intel Collaborative Research Institute, un proyecto interdisciplinario que combina métodos de distintas ciencias como la computación, las ciencias sociales, la arquitectura y el diseño para hacer de las ciudades espacios destinados al bienestar de sus habitantes. A través de este instituto ya se están desarrollando proyectos en ciudades como Barcelona, Dublín o Londres destinados a medir la calidad del aire, saber las condiciones del tráfico o conseguir que los edificios trabajen en conjunto para distribuir el consumo energético. Son los primeros pasos para transformar los espacios urbanos en lugares sostenibles, eficientes y, sobre todo, amables.

La sostenibilidad, el tráfico y la seguridad son algunos de los desafíos de las grandes ciudades. Para algunos de ellos ya hay soluciones puestas en marcha pero otros aún tendrán que esperar.
Claves que marcarán las ciudades del futuro, el imaginario colectivo y el cine nos adelantaron algunos avances que hoy en día ya son una realidad. El futuro ya está aquí.

1. Todo estará conectado

Empezando por nuestros hogares, los cuales los podremos controlar gracias a Internet y a la generalización desde hace unos años de los smartphones. La creación de apps mediante las cuales controlar servicios como la calefacción, la luz o los accesos a la vivienda son cada vez más habituales.


Pero las ciudades también estarán conectadas y sensorizadas con el fin de convertirlas en lugares más habitables. Un ejemplo de ello lo encontramos en España y en concreto en Santander. Esta ciudad cántabra dispone de 12.000 sensores de medición que obtienen datos de CO2, ruido, humedad y nivel de tráfico. Gracias a esos sensores, los datos extraídos se pueden analizar, se pueden predecir situaciones y plantear soluciones a posibles problemas. Pero también, los ciudadanos de Santander cuentan con aplicaciones que les informan sobre el estado de los parkings de la ciudad en tiempo real, el estado de las playas, las paradas de taxis más cercanas o la ocupación de la bibliotecas.


Internet de las cosas, wearables y big data, el triángulo perfecto.

EL CINE Y LAS CIUDADES DEL FUTURO

El cine ha dicho mucho sobre cómo serán las ciudades del futuro, en algunas cosas han acertado, pero en otras no. Veamos por ejemplo en qué acertó la película Regreso al futuro II, estrenada en el año 1989 y en la que sus protagonistas llegaban hasta el año 2015 en una máquina del tiempo.


Empezamos por el famoso aeropatín que utilizó Marty McFly para escapar de los malvados de la película en la plaza Hill Valley. En pleno año 2015 aún no está generalizado este medio de transporte pero hay varios proyectos en marcha para idear el monopatín sin ruedas. Igualmente, según esta película en el 2015 ya no tendríamos carreteras y los coches volarían. Una idea que también se refleja en la mítica película Blade Runner dirigida por Ridley Scott, estrenada en 1982 y ambientada en el año 2019. Un avance que a la vista de todos está muy lejos de ser real. Otra equivocación tiene como protagonista el fax, un artilugio que nos parece del siglo pasado y que adquirió protagonismo en la segunda secuela de Regreso al futuro.

Pero si en algo acertó este gran clásico del cine de finales de los ochenta fue en prever prendas de ropa con conexión a Internet, aunque su uso no está muy extendido son ya una realidad. También, en la película se muestran videoconferencias, pura ciencia ficción en aquellos momentos, pero una realidad muy interiorizada en la actualidad. ¡Skype es parte de nuestro día a día!

El cine 3D y unas gafas que permiten responden al teléfono al estilo Google Glass fueron otras ideas que se mostraron en este película y que han llegado hasta nuestros días.

Antes hemos mencionado la película Blade Runner y es que este otro clásico del cine también adelantó con menor o mayor acierto cómo serían las ciudades del futuro.



Finalmente, cuando pensamos en las ciudades del futuro, está la cuestión de la privacidad de los ciudadanos. En un ambiente donde toda la información es recopilada todo el tiempo, cualquier persona quedaría expuesta a la curiosidad de gobernantes o incluso de hackers, capaces de invadir los centros de almacenamiento municipales. Queda la duda sobre si esto será una preocupación de las próximas generaciones o si los jóvenes están dispuestos a dejar de lado su supuesta privacidad para tener acceso a los beneficios ofrecidos por la tecnología.

Las smart cities más que un deseo de modernidad son una necesidad real y actual para que los problemas críticos de nuestras ciudades se puedan reducir o eliminar. ¿A quién no le gustaría vivir en una ciudad sin embotellamientos, con recolección de residuos eficiente y sostenible? ¿Qué ciudadano no se dedicaría a ayudar a una ciudad que lo escucha?

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